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Venezolana, diecisieteañera, soñadora, apasionada, optimista. Éste es mi espacio, mi isla, donde los sueños y la Esperanza se hospedan. 

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sábado, 27 de octubre de 2012

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Las historias de amor no tienen funeral







Continuando mi recorrido por la isla que, más llena de curiosidad no podría estar, a unos siete kilómetros en dirección norte con respecto a la choza de Esperanza, me encuentro con una pequeña residencia que parece estar algo abandonada. Me acerco hasta la puerta principal, y una tormenta de aire que se origina en mi diafragma al tocar el pomo de la puerta, me provoca un suspiro y que la piel se me erice. Entro con cortos pasos y escucho ruidos provenientes del piso de arriba que van de una esquina a otra. De repente mi tono de piel se torna más blanco y el corazón pareciera que dejara de bombear. Seré valiente, iré a descubrir que sucede.

Subo hasta llegar finalmente a un corredor donde hay puertas, por lo que imagino sean habitaciones. Voy atravesándolo mientras noto que cada puerta está enumerada con centenas. El ruido que anteriormente había escuchado proviene de la número 243. Toco la puerta, pero nadie responde, nadie abre; así que me tomo la libertad de abrir por mí misma, y al ver en su interior, es una recamara totalmente hecha desastre. El colchón de la cama fuera de lugar, las cortinas desgarradas, casi pareciera que han sido arañadas por un felino; y los objetos del tocador regados por todo el suelo. Aguardo unos segundos y escucho el azote de una puerta (imagino que sea el baño), y de él sale una pareja discutiendo. Observo detalladamente para descubrir el motivo de su discusión, hasta que llega un punto en el que casi se ahorcan mutuamente, y allí es cuando decido actuar. 

—¡Ey! ¡Deténganse!  

La pareja se calla y me ve de un modo extraño.

—¿Tú quién eres?, ¿cómo has llegado aquí? —pregunta la chica.
—La curiosidad me ha traído hasta ustedes.
—¿Qué has venido a hacer acá? —pregunta nuevamente la chica.
—Quiero saber por qué razón pelean. 
—¿No sabes quiénes somos? —Esta vez, habla el chico. 
—De hecho, no.
—Somos la historia de amor 243. Luego de quemar las fotos y cartas; con esas cenizas, nos han traído hasta aquí. Donde muchas historias de amor quedan en el pasado de una pareja, y, a pesar de ser relatadas por los protagonistas sin escrúpulos en su esófago, es más que claro que esas cenizas nunca se desvanecerán —dice la chica.

Ahora comienzo a comprender, "es más que claro que esas cenizas nunca se desvanecerán". Es por esto que ellos continúan peleando aun hayan sido traídos hasta acá. Porque la historia se repite, una y otra vez.

—¿En qué consiste su historia?
—Él, es un hombre mujeriego, el típico Don Juan que no puede evitar coquetear y tener varias mujeres a la vez. Me conoce y se enamora, pero yo, al saber cómo es, no me dejo llevar por palabrerías. Él no se rinde, lucha por conseguir mi corazón y así lo hace. Me conquista. Me enamora. Y cuando los dos estamos a punto de auto-admitir que no podemos vivir sin el otro, me pide que tengamos nuestro primer encuentro pasionario. Yo aún no estoy lista. Le pido que me espere, él dice hacerlo así. Un par de días después me lo pide otra vez, pero mi respuesta es negativa. Así sucede durante una semana, y más no basta para enterarme de que ha tenido su "encuentro" con otra mujer. Discutimos y así es como llegas a esta parte en la que destrozo la habitación a sus pies mientras él me pide perdón. Meses después, el vuelve a mí, me ilusiona y la historia se repite. 

—Interesante. Bueno, no los interrumpo más.  

Abandono el edificio lo más rápido que puedo, me requiere de aire puro para despojarme del ambiente que envolvía aquella habitación y así poder pensar. He llegado a una isla que creí sola, pero ahora lo que sé es que la Esperanza se mudó y las historias de amor son trasladas hasta aquí. ¿Con qué sorpresas me encontraré ahora? Vaya, no lo sé, pero sí que tengo hambre y ya sería hora de regresar a la realidad común.

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