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Venezolana, diecisieteañera, soñadora, apasionada, optimista. Éste es mi espacio, mi isla, donde los sueños y la Esperanza se hospedan. 

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viernes, 13 de diciembre de 2013

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Mi conclusión sobre el Amor



         En mis catorce cortos años de vida –y hago hincapié en cortos–, he aprendido vagas pero valiosas cosas sobre el amor, aun si no lo haya experimentado como el amor de pareja. Con respecto a  todas las especulaciones existentes acerca de la concepción de nuestra humanidad sobre el  <Amor>, bien sea a través de los medios de difusión masivo siendo el más popular el cine (y que muchas veces este se basa en fundamentos escritos), y el cliché constante que pervive en los órganos pensantes de todos los individuos humanos, he llegado a la conclusión de que la gran mayoría de nosotros, jóvenes, no sabemos absolutamente nada sobre el amor: al menos nada de lo cierto; y que cuando pretendemos hablar sobre el amor como si fuéramos las personas más sabias y certeras, estamos hablando, por consiguiente, bazofia.

Para comenzar, ¿cómo diferenciamos lo cierto de lo incierto? Si ni siquiera nuestro propio origen es netamente cierto.  Me explico: existen diversas teorías sobre el origen de la humanidad, y cada una varía de acuerdo a las ideologías; y por supuesto, la que se adapte más a las creencias de nosotros, es la cierta para cada quien. Pero ¿cómo podemos admitir cual de tantas teorías es la cierta?, hablo de una certeza estándar, la que no divisa religiones, ni corrientes, o estilos de vida. Creo que hasta donde mis conocimientos  me permiten llegar, no existe aún, ¿cierto? Igual ocurre con el amor. Y no es que quiera refutar la opinión de centenares de autores, filósofos, porque a ellos se les considera <sabios> y no soy quien para desvalorizarles; mas sólo trato de dar a entender que cada uno de nosotros debe aprender a interpretar las cosas a nuestra propia manera, no tener un concepto de corriente principal acerca del amor, sus etapas (si es que las tiene), la fase de enamoramiento, incógnitas como “¿Cuánto dura?, ¿Cuánto tardamos en suprimirlo hacia una persona?, ¿Nos enamoramos una sola  vez en la vida, o varias?, ¿El amor de la verdadero llega solo, o debemos buscarlo?” y si deseara continuar, abarcaría todo el espacio que se me es permitido aquí.  

Tan sólo opino que ante tantas y tantas supuestas respuestas para estas dudas, que son completamente normales, porque somos seres de naturaleza investigativa, curiosa, y nos gusta indagar en lo implícito, acabamos pensando más de lo que sentimos. Yo soy una de esas, que suelo pensar muchísimo en mis sentimientos; tanto que no dejo tiempo a las emociones de explorarse, de vivirse; y es por eso que asumo que no me cedo amar a otra persona. 

Pero en estos días decidí que debe acabarse, yo suelo pretender filosofar sobre el amor, cuando ni siquiera lo he vivido en los huesos, en la sangre, en cada célula que se reproduce cada minuto en mi cuerpo.

Sostengo que cuando se presente la oportunidad (no digo que deba ser ahora, porque ni sé si hay una edad específica para que llegue el amor), dejaré que fluya por sí solo, sin seguir reglas, parámetros, solo me dejaré disfrutar por el amor de la otra persona y que la otra persona disfrute del mío. Casi podré decir que me quedaré suspendida en al aire, cayendo lento y sin paracaídas –como si el efecto gravitatorio no actuara sobre nosotros– en la estratosfera del amor. 

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