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Venezolana, diecisieteañera, soñadora, apasionada, optimista. Éste es mi espacio, mi isla, donde los sueños y la Esperanza se hospedan. 

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viernes, 2 de mayo de 2014

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Testimonio de un diálogo con Amor






      —No intentes engañar a nadie,  ni mucho menos a ti misma. Porque muy bien sé yo, a quien realmente quieres, y en cualquier momento puedo hacer que dejes de suponer como gozas involucrándote con otras personas, para no tener que pensar en la terrible idea de que tu prospecto no parece notar lo mucho que esperas por él —Más claras las cuentas no pudo haberlas dejado, y en tono de amenaza me apuntó el dedo índice diciendo—: ¡No pretendas tú que te desharás de mi tan fácil! Me quedaré aquí hasta llenar cada uno de los rincones de tu alma y hacerte estremecer el tórax de mariposas, de cuantas quieras te imagines. Solo te pido, paciencia.

      Y tendiéndome entre mordazas no me quedó de otra que sólo sollozar y asentir. Levanté la cabeza con un ligero movimiento y vi las estrellas, entonces supe que estaba en el lugar correcto. Sentí un medio alivio, porque al menos tuve la certeza que alguien aun no me había desamparado. Amor me miró de reojo con desprecio y me lanzó:

     —¿Dirás algo en tu defensa?

     Le devolví  una mirada irónica y discernió.

     —De acuerdo —tiró del nudo que había atado en mi boca y me advirtió—, tus últimas tres palabras antes de que te deje ir.

     —¿Me libraré de ti? —cuestioné un poco vacilante.

     —Te he dicho que te dejaré ir.

     —No, hablo de una buena vez por todas.

     —Ni porque así lo desees. Es más, te haré sentir tan bien que ni siquiera desearás librarte de mí. Querrás aferrarme tanto a ti que hasta te asfixiarías de apretujarme.

       —Ya quisiera ver eso —dije sarcástica.

     —¿De por casualidad me estás retando? Porque te aviso que soy la fuente de poder más potente en todo el universo. Y en todo el universo eres la muchachita más insolente con la que me ha tocado trabajar.

     —Así que… intentar cambiar el destino de las miserables almas, ¿es tu trabajo?

     —No. Ese es el trabajo del queridísimo Todopoderoso. Y lo hace a través de mí. Soy como la paz, no hay un camino para llegar hasta mí. Yo soy el camino. La única diferencia entre mi amiga Paz y yo es que ella jamás ha jugado sucio.

     —¿Y qué te ha hecho creer que cambiaré de opinión acerca de mis necesidades?

     —Porque creo que cambiar tu vida vale la pena. Serías de mucha ayuda al mundo si me dejaras apoderarme de tu alma.

     —Suena más a un capricho. ¡Me niego rotundamente a venderle mi alma a un farsante!

     —Te lo he advertido ya. Cuida tus palabras, pueden ser perdonadas pero jamás olvidadas.

     —Mi propósito no es que me recuerdes. Es más, ¡deja el fastidio ya! El universo no se desequilibrará porque el Gran Amor no haya logrado entrar en la vida de una mujercita rebelde.

      Amor se rió y me dijo: —Pequeña, evidentemente es muy poco lo que sabes de mí. No se trata de una cuestión de alimentar mi autoestima, o completar un exitoso expediente —hizo una pausa y fijó sus ojos en el disco de plata que tenemos por satélite natural—, el universo jamás podrá tener equilibrio sin que cada una de sus partículas constituyentes estén en su justo funcionamiento, es exactamente el mismo comportamiento en los compuestos, para que haya equilibrio cada uno de sus átomos deben funcionar correctamente. Para que haya flujo de energía. Y la energía del universo soy yo.

     Me quedé en silencio por unos instantes, creo que es la única vez que me he quedado callada y sin protestar, pero aun así no iba a ceder. Amor era un demonio que me ofrecía apoderarse de mi alma, pero lo que él no sabía es que dentro de mí ya habitaba otro que sin duda no haría espacio para él: Ego.

      —Pues deja que el universo pruebe un poco de desorden por un momento —pronunció Ego a través de mis cuerdas vocales.

     —¿Estás tan mala así?

     —Quizás no te he demostrado lo suficiente como para responder esa duda.

     —Eso está por verse. —me retó. Amor me retó. O quizás más bien, a mi Ego. Y así anduvieron toda la noche, usando mi cuerpo de mensajero entre sus riñas de quién es más poderoso que quién.

      Los rayos de Sol comenzaron a asomarse y Amor por fin dijo: —Ya invertí bastante tiempo en ti, lamento decir que debo marcharme, por ahora. Te estaré vigilando.

     —Suenas bastante alterado para ser lo más poderoso del universo.

     —La energía más poderosa —me corrigió y a rastras se marchó.


***

      Y ese ha sido el testimonio fiel de mi último diálogo con Amor antes de que mi vida cambiara por completo. Como era de esperarse, Amor ganó la guerra contra Ego, y me da un poco de vergüenza decirlo, porque no quiero parecer una tía faldera, siempre fui independiente, de hecho; pero a este punto no sé si las almas humanas están destinadas a depender de sus demonios internos o qué. Solo sé que aún no me acostumbro a este que se apoderó de mí.  

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