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Venezolana, diecisieteañera, soñadora, apasionada, optimista. Éste es mi espacio, mi isla, donde los sueños y la Esperanza se hospedan. 

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viernes, 13 de febrero de 2015

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Tres poemas: Maya Angelou







Me levanto
Tú puedes escribirme en la historia

con tus amargas, torcidas mentiras,

puedes aventarme al fango

y aún así, como el polvo… me levanto.


¿Mi descaro te molesta?

¿Porqué estás ahí quieto, apesadumbrado?

Porque camino

como si fuera dueña de pozos petroleros

bombeando en la sala de mi casa…

Como lunas y como soles,

con la certeza de las mareas,

como las esperanzas brincando alto,

así… yo me levanto.


¿Me quieres ver destrozada?

cabeza agachada y ojos bajos,

hombros caídos como lágrimas,

debilitados por mi llanto desconsolado.


¿Mi arrogancia te ofende?

No lo tomes tan a pecho,

Porque yo río como si tuviera minas de oro

excavándose en el mismo patio de mi casa.


Puedes dispararme con tus palabras,

puedes herirme con tus ojos,

puedes matarme con tu odio,

y aún así, como el aire, me levanto.


¿Mi sensualidad te molesta?

¿Surge como una sorpresa

que yo baile como si tuviera diamantes

ahí, donde se encuentran mis muslos?


De las barracas de vergüenza de la historia
yo me levanto
desde el pasado enraizado en dolor
yo me levanto
soy un negro océano, amplio e inquieto,
manando
me extiendo, sobre la marea,
dejando atrás noches de temor, de terror,
me levanto,
a un amanecer maravillosamente claro,
me levanto,
brindado los regalos legados por mis ancestros.


Yo soy el sueño y la esperanza del esclavo.

Me levanto.

Me levanto.

Me levanto.


Tiempo desmedido

El sol se eleva al mediodía.
Los pechos núbiles caen a la cintura mientras
lomos jóvenes crecen opacos,
tan tarde.
Los sueños son acariciados, como
perros falderos queridos
incomprendidos y amados
demasiado bien.

Mucho conocimiento
arrugas del cerebelo,
pero poco informa.
Los saltos son
convertidos en delicados estrechos.
Grandes deseos
se hacen pequeños.
Llegaste, sonriente,
pero era demasiado tarde.


Cuando los grandes árboles caen

Cuando los grandes árboles caen,
las rocas en distantes colinas tiemblan,
los leones se agachan
detrás de los altos pastos
e incluso los elefantes
buscan con torpeza estar a resguardo.

Cuando los grandes árboles caen
en los bosques,
las pequeñas cosas se tapan de silencio,
sus sentidos
quedan desgastados más allá del miedo.

Cuando las grandes almas mueren,
el aire a nuestro alrededor se vuelve
ligero, raro, estéril.
Respiramos apenas.
Nuestros ojos apenas
ven con
una claridad que duele.

Nuestra memoria, de pronto agudizada,
examina,
rumia en las palabras bondadosas
no dichas,
los prometidos paseos
que no dimos.

Las grandes almas mueren y
nuestra realidad, pegada
a ellas, también se retira.
Nuestras almas,
dependientes de su
alimento,
ahora se encogen y marchitan.

Nuestras mentes, formadas
e informadas
por su brillo,
se abandonan.

No nos volvemos locos
más bien nos reducimos a una ignorancia indecible
de oscuras y frías
cuevas.

Y cuando las grandes almas mueren,
después de un tiempo la paz florece,
lentamente y siempre
con irregularidad. Los espacios se llenan
con una especie de
confortante vibración eléctrica.

Nuestros sentidos, restaurados, nunca
los mismos otra vez, nos susurran.
Existieron. Ellos existieron.
Podemos ser. Ser y ser
mejores. Porque ellos existieron.

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