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Venezolana, diecisieteañera, soñadora, apasionada, optimista. Éste es mi espacio, mi isla, donde los sueños y la Esperanza se hospedan. 

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martes, 7 de julio de 2015

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Boulevard de abrazos






      Era un corredor largo, como el paseo de la bahía de pescara, con la única diferencia de que éste se trataba de un paseo humano, sí, con las personas apiladas como una correa de aeropuerto dispuesta en forma vertical, ¿qué rayos hacía yo ahí? Todavía me lo pregunto. Todos mantenían una expresión neutral y luego una voz femenina sin rostro retumbó en todo el salón enunciando las reglas del juego. La cosa era más o menos así: tenías a una persona en frente en cada turno y podías escoger cuatro opciones con tus dedos, el 1 era para no mirar y no tocar, el 2 indicaba mirar más no tocar, el 3 mirar y tocar, y el 4 abrazar. Parecía sencillo, era una especie de piedra, papel y tijeras, solo que ganaba el número más bajo y esa era la acción que ibas a ejecutar con el sujeto paralelo a ti; al anunciar cambio, se daba un paso a la izquierda para seguir con el próximo. Primera persona: mi hermana, escojo el cuatro y mi agradable sorpresa es que ella me correspondió. La siguiente persona era mi mejor amiga y no dudamos en darnos un cuatro. Comencé a toparme con rostros desconocidos y me escabullí en el cuatro ("Qué pena, va a pensar que no le quiero abrazar"). Eché un vistazo en el salón y me di cuenta de que todo el mundo se estaba dando unos buenos cuatros. La siguiente persona era mi ex. ¿Y qué se supone que debía hacer? ¿Cuatro, uno? Cambié mis dedos aleatoriamente hasta que fue el tiempo de mostrarlos y al final lancé un dos. Su cara de sorpresa al ver que no tenía un cuatro como él fue un tanto cómica, pero luego entré en conciencia de la nueva batalla que me venía: mirarle fijamente a los ojos. Sus ojos me estaban buscando y escudriñando el alma de tal manera que, me sentí incómoda; y entonces le reté mirándolo aún más hasta desnudarle el pensamiento. Sus ojos no pudieron callar. Tiempo, me roté a la izquierda y ahora estaba el muchacho que me trae loca. Comencé a sudar; si pensar en qué hacer con mi ex me ponía incómoda, ahora ya tenía náuseas. "¿Y qué hago? ¿Será que lo abrazo? ¡Es mi oportunidad perfecta! ¡No, pensará que soy una tonta! ¿Y si él escoge uno?" Dedos indecisos, solté dos de nuevo, y su sorpresa por no coincidir con su cuatro me sonrojó un poco, pero luego miré sus ojos y me perdí en ellos, durante siete segundos, y sentí que toda mi existencia se sumó en su retina y quedé capturada en su cerebro. No era muy profunda su alma, puesto que llegué al fondo antes de que nos tocara rotar. Me comenzó a gustar eso de escoger el dos y decidí hacerlo con las personas con las que sentía conexión. A los que no conocía solo los abrazaba, eran los diez segundos justos para conocernos perfectamente: podía sentir su respiración y los latidos, era algo maravilloso; a algunos el corazón les palpitaba a mil por segundo y pude sentir como su piel se helaba cuando los tocaba, eso me produjo algo de ternura. Me gustaba sincronizar mi respiración con la de ellos, y recostar mi mentón para poder escuchar sus corazones, ni yo misma me creía la armonía que creábamos; pero lo que verdaderamente garantizaba la mayor conexión eran las miradas penetrantes. Ya finalizada la correa humana en el boulevard de abrazos (porque nadie hizo otra cosa que no fuera el cuatro, a excepción de mí), mis mejores amigos se me acercaron y me preguntaron por qué no los quise abrazar, yo les dije, "abrazar es muy fácil, eso lo puedo hacer con cualquiera. ¿Saben qué es difícil? Mirar a alguien directo a los ojos. Eso nos intimida, nos desnuda, nos revela."  Y aunque creo que no me entendieron mucho acabé dándoles un abrazo tratando de compensar la armonía que nos faltaba. 

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