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jueves, 17 de septiembre de 2015

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Metáfora, ¿Recurso o Excusa?

       







       Desde que el hombre evolucionó en la extensión descubierta para aglomerar sus pensamientos, ideas y emociones a través de la unidad que es la palabra (lo que es la escritura en sí misma), comenzó a emplear herramientas y técnicas que le dieran una dinámica alterna a sus manuscritos. Entonces vinieron los recursos literarios. A diario los empleamos incluso sin ser escritores, o sin siquiera tener nociones de ello. Tampoco hace falta tener el hábito de lectura. Están arraigados a nuestra lengua, a nuestros modismos y forma de expresarnos —al escribir—, pero hoy voy a hacer un pequeño inciso en la metáfora. 

       Casualmente es de las más destacadas de la lista de recursos con los que cuenta cualquier escritor: el aficionado, el casual, el exploratorio, el aprendiz y el profesional. La Metáfora es capaz de comparar dos sujetos en cuestión sin compararlos de verdad. Nos crea expectativa porque coloca un sujeto real y le proyecta un semejante que sólo tiene lugar en la imaginación. Se caracteriza porque además crea imágenes en la mente del lector y  le da una idea más clara y genuina de lo que quiere expresar el escritor.

       Si, es cierto, cuenta con todas estas ventajas, pero también es la más destacada de la lista porque es la más accesible y a la que todos solemos recurrir cuando se nos agota la creatividad. Es más un comodín, un pretexto embellecedor de textos,  instantáneo y efectivo. Un maquillaje de párrafos, una esencia postiza de lo que queremos comunicar porque es más entretenido usar proyecciones imaginarias que usar las palabras que definen el sentimiento o la idea. ¿Por qué si sufrimos de mal de amores no podemos simplemente decir que nos duele el estómago, o el pecho, o la garganta, o la cabeza? Tenemos que acudir a la metáfora sin pensarlo dos veces, diciendo, que nos han descuartizado el corazón (¿Sí ven a lo que me refiero?). 

       ¿Por qué no podemos describir cómo se siente el que te abandonen, el que te traicionen, el que jueguen contigo? ¿Acaso se nos es difícil procesar el nombre del sentimiento? ¿Acaso será más fácil compararlo imaginándose cómo se debe sentir que te descuarticen el corazón? Entonces somos más imaginativos que sensoriales. ¿Por qué si me siento feliz, no puedo solo decir «me siento feliz» sin tener que nombrar a las prímulas y a los girasoles en primavera? No me mal interpreten, no estoy en contra de la metáfora, yo más bien recurro bastante a ella; casi somos inseparables. Admito que es por mi propósito expuesto, es mi mejor excusa para impactar al lector, para que las emociones en él sean más vívidas de lo que son en mí, o en mis personajes; para desviarlo de la realidad (sin dejar de mostrársela) y enfocarlo en su proyección imaginaria (porque es físicamente imposible que me duela el pecho como si me hubieran descuartizado el corazón). Pero entonces, por qué no decir «Me duele mucho. Sé que lo voy a superar, pero ahora quiero armar el drama y hacerte creer que me están dando latigazos en el pecho».

       Es todo un escenario armado por el grupo de escritores (incluyéndome) que ni siquiera sé por qué lo estoy criticando si tanto lo uso. Es una excusa. Una vaga excusa para sacar la falta de creatividad del barro. 

       P.D. Metáfora: No estoy en contra de ti, de hecho, te adoro. Incluso me impresiono cuando te leo entre líneas de grandes libros. Es maravilloso como la falta de creatividad también requiere de mucha creatividad, porque hay autores que sí que saben utilizarte, entonces eres un recurso que agradezco sea renovable; mientras que el resto de nosotros, con mucha frecuencia caemos en lugares comunes, y entonces pasas a ser una excusa. Y es ahí, solo en esos pequeños casos, cuando te odio. 

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