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Venezolana, diecisieteañera, soñadora, apasionada, optimista. Éste es mi espacio, mi isla, donde los sueños y la Esperanza se hospedan. 

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sábado, 13 de febrero de 2016

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De números y probabilidad



Si hay algo que explique de manera precisa la cuestión esta que llaman amor, esos son los números. Si, los números. Las relaciones amorosas funcionan como una secuencia de azar. Si usted ha estado pensando en trucos o atajos para poder llegar más rápido, de plano le aviso, no hay. No hay atajos. Los números jamás hacen trampa y siempre son exactos. Tendrá que apegarse a la ley de probabilidad o estará pelando. Sí, eso, así se llama ese azar infinito de posibilidades, pero créalo o no, así es como funciona la cosa. Y por "la cosa" me refiero a lo siguiente: si usted está leyendo esto quiere decir que ha vivido por lo menos unos cien corazones rotos (y no quiera venir a decir que han sido noventa y nueve), y después de esos cien corazones rotos de seguro piensa que el amor no sirve y ha estado considerando adoptar un gato y ponerlo a parir para no dañar el estereotipo; sin embargo, no descarta la posibilidad de que en el intento ciento uno logre encontrar a una persona. Y va y se enamora. Puede que no sea en la ciento uno como puede que sí, la probabilidad de que encuentre al amor de su vida es de una en un gúgol. Entonces, la cosa consiste más o menos en ir probando infinitas veces porque no se sabe cuándo aparezca la persona que encaja. Y así vamos, de persona en persona, de miradas en miradas, de labios a labios, sin cesar, hasta que el juego de azar caiga. Si hay algo que es seguro, es que de las gúgol personas que se pueden tropezar con uno en la vida, al menos una tiene que encajar. Eso es probabilidad, y si usted no me cree, compruébelo. Vaya y enamórese cuantas veces pueda. Entréguese sin miedo y sin ataduras, que al fin y al cabo terminará dándose cuenta de que somos puras combinaciones de números alternándose. Y los números son infinitos. Y las posibilidades son infinitas. Por ello nos pasamos la vida entera enamorándonos de gentes de todo tipo, unos más así y otros más asá; y aunque al final no resulte, nada de eso nos impide seguir haciéndolo, porque muy intuitivamente sabemos que de las gúgol personas que se pueden tropezar con uno en la vida, al menos una, tiene que encajar. 

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