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miércoles, 23 de marzo de 2016

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Escribir como catarsis









Hace unas semanas iba en el carro cuando escucho a Eli Bravo hablar por la radio acerca de los beneficios de escribir en hoja y papel sobre lo que uno piensa, y mencionó cosas que me parecieron bastante interesantes, como que escribir frecuentemente ayuda a tener una relación personal sana, mejora la comunicación interpersonal, libera el estrés y te hace más feliz (entre una lista de otras cosas que dijo), lo que me llamó bastante la atención. Incluso añadió que él recomienda tener un blog personal ya que eso, te dota de mejores habilidades comunicativas y te ayuda a saber expresarte, por ende, a saber manejar las emociones. Luego me dio curiosidad ahondar en el tema y me puse a leer un poco, porque es algo en lo que no me había puesto a pensar; es decir, a mí me gusta mucho escribir, sobretodo porque en mis líneas dejo grafía de lo que son mis sentimientos e ideas, pero quizá no me estaba dando cuenta de que muchas cosas positivas que están pasando en mi vida son gracias a la escritura.

Cada uno de nosotros tiene su forma de conectarse consigo mismo, generalmente a través de la pasión; pero también utilizamos muchas herramientas a modo de terapia, porque lo necesitamos, porque queremos escapar, porque no podemos afrontar las cosas solos, en fin, sabrán los psicólogos... Escribir es una de ellas, y en mi opinión una de las mejores terapias en escala de efectividad. Cuando le digo a las personas que tengo un blog personal de escritura expresiva el ochenta por ciento me dice "¡Ay qué bien! Sabes, a mí me gusta escribir. De hecho, lo hago en un viejo cuaderno desde hace varios años..." y luego vengo yo a alentarlos para que se hagan su propio blog, y me dicen "Ay, no, ¡estás loca! A mi me da pena" o "Lo mío es más informal", o hasta "No creo ser tan talentoso como tú" y la última afirmación me causa gracia, porque talento no es lo que me sobra (como dice King, eso hay que dejárselo a los genios, a uno que puede llegar a ser bueno le sale es trabajo duro y constancia), pero ni siquiera lo hago porque crea ser buena, sino porque me ha servido de catarsis. Me explico: no quiero que esto suene como que escribo para desahogarme o cuando la musa llegue mágicamente. El oficio de escribir tiene sus desdobles, aunado al hecho de mantener un blog (eso es otro tema), pero es algo que disfruto al ciento por ciento y lo hago porque me llena.

Muchas personas que me leen saben que desde hace varios años escribo en un diario (ahora con menos frecuencia), cosa que si es bastante útil así no seas una persona que le guste escribir, pero ¿por qué? ¿No es lo mismo mantener las cosas en la mente a escribirlas? De todas maneras ya las sabes tú y nadie más, entonces, ¿cuál es el chiste de escribir un diario? Esta fue la pregunta con la que no pude dar en Internet y acabé buscando la respuesta dentro de mí misma: escribimos porque así es como plasmamos nuestros sentimientos, escribimos porque así es como materializamos nuestros pensamientos, es algo que necesitamos para liberar toda la tensión y la carga emocional que traen las circunstancias que vivimos a diario. Eso me llevó a concluir que todos somos escritores, porque escritor es "todo aquel que logre explicar mediante palabras lo que haya en su mente, ideas y puntos de vista", como respondí en un cuestionario que hice a los catorce años. Entonces, ¿por qué no hacerlo? Los especialistas afirman que es mucho más efectivo escribir las emociones reprimidas en un papel que decírselas a alguien, y la diferencia no está en que un medio sea escrito y el otro oral, sino en que al escribir dices cosas que jamás le dirías a nadie, cuentas esas historias de las que ni tu mejor amigo se puede enterar, te revelas, te desnudas al máximo; al escribir dices hasta lo que no te imaginas, te quedas sin nada que decir, hablas hasta en el subconsciente; es como tocarte, una experiencia netamente personal, que puedes compartir con otra persona pero que no es comparable a hacerlo tú mismo en tu privacidad. 

Escribir es una herramienta que nos ayuda a mantener viva la esencia de ser humanos, a saber que no hay límites, a conocer lugares del alma y de la mente que con las emociones y las ideas por sí mismas no podemos llegar. Escribe, no hace falta saber cómo (yo no sé cómo, a Vargas Llosa le cuesta, y Stephen King ni porque lo estudió en la Universidad sabe), lo único que necesitas es: (como dijo Eli Bravo en aquel segmento de radio) lápiz y papel, o, un ordenador con editor de textos :), y –añado yo– la disposición de hacerlo cada vez que lo creas necesario, no tienes que sentir que es un deber, sino siempre bajo la premisa de ir a liberarte o también, ir a descubrirte.  


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