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Vigésima cuarta vez que dije te amo, lo siento

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Vigésima cuarta vez que voy al súper y de regreso me doy cuenta que olvidé comprar los puerros. Vigésima cuarta vez que el estúpido perro de mi vecina ladra sin cesar al pobre ladrón que solo quiere entrar (que lo deje ser ladrón en paz ¡por favor!). Vigésima cuarta vez que levanto la mirada y veo un espectro pálido con los párpados y labios que se le recaen, como si implorara un poco más de ganas. Vigésima cuarta vez que mi madre deja resbalar un coroto de la cocina haciendo un concierto de utensilios. Vigésima cuarta vez que veo la estrella Polar en este año. Vigésima cuarta vez que he borrado y reescrito ésta oración. Vigésima tercera vez que chequeo el buzón de entrada por si alguno que otro me ha dejado un mail (pero no ha sido así, por ello allí viene una vigésima cuarta vez). Vigésima cuarta vez que el pez pica el anzuelo y aun así el pescador no sabe cómo es que no ha muerto. Vigésima cuarta vez que me dan escalofríos y que a pesar de colocarme por vigésima cuarta vez el...

Borrador

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Olvidar a una persona en realidad es más sencillo de lo que parece. Créeme, que yo cuando digo algo   casi  nunca miento. Tú no fuiste la excepción a la regla, y eso que   todos  varios lo han sido. Lo gracioso es que semanas atrás me era inconcebible dejar de pensar te   a cada rato , y ahora se me olvidó a quién le escribo. Supongo que así debió ser, ¿no? así quise yo que fuera desde el primer día, el día ese en que pasaste por la puerta con tu tumbao de aires ligeros y me revolviste el estómago   y la cabeza y los ojos  y dije   ay no, ya me jodí.   Si no, ¿quién iba yo a echarle la culpa por mis desvelos? Porque   lo malo   es que ahora sí duermo y ahora sí como y ahora sí sueño, y todo está   aburrido   normal.   En parte extraño y no extraño eso.  Pasó más rápido de lo que pensé, -el rebullicio, digo- porque honestamente con esa actitud tuya de niño estrella sí que me supiste engañar bie...

De números y probabilidad

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Si hay algo que explique de manera precisa la cuestión esta que llaman amor, esos son los números. Si, los números. Las relaciones amorosas funcionan como una secuencia de azar. Si usted ha estado pensando en trucos o atajos para poder llegar más rápido, de plano le aviso, no hay. No hay atajos. Los números jamás hacen trampa y siempre son exactos. Tendrá que apegarse a la ley de probabilidad o estará pelando. Sí, eso, así se llama ese azar infinito de posibilidades, pero créalo o no, así es como funciona la cosa. Y por "la cosa" me refiero a lo siguiente: si usted está leyendo esto quiere decir que ha vivido por lo menos unos cien corazones rotos (y no quiera venir a decir que han sido noventa y nueve), y después de esos cien corazones rotos de seguro piensa que el amor no sirve y ha estado considerando adoptar un gato y ponerlo a parir para no dañar el estereotipo; sin embargo, no descarta la posibilidad de que en el intento ciento uno logre encontrar a una persona. Y v...

Tiempo muerto

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      El doctor me ha dicho que mala memoria no es; que de hecho, mi actividad cerebral es bastante frecuente. El estrés lo descarté hacía tiempo ya. Drogas, no las he estado consumiendo (aunque ya no sería mala idea), entonces, un problema por fuga de neuronas definitivamente no es. ¿Falta de inspiración visual? ¡No! He visto los mejores paisajes y ni siquiera he podido sacarles el jugo. ¿Jugo? ¿Será que necesito azúcar? No, tampoco, mi sistema está en "óptimas condiciones" —para el médico— yo insisto.       ¿Qué puede ser aquello que me ha estado robando el sueño y el apetito y la memoria y la creatividad y el deseo y la pasión? Me declaro en estado de coma emocional: no me muevo, no sueño, no sonrío, no me inmuto ante nada. El viento ya no roza mi piel y la ropa ya no me ajusta. ¿Me estaré desvaneciendo? No, porque tampoco envejezco, ni se me cae el cabello; mi rostro no se ha tornado rosa pálido y no tengo aroma ni sabor. ...