Mi conclusión sobre el Amor
En mis catorce cortos años de vida –y hago
hincapié en cortos–, he
aprendido vagas pero valiosas cosas sobre el amor, aun si no lo haya
experimentado como el amor de pareja. Con respecto a todas las
especulaciones existentes acerca de la concepción de nuestra humanidad sobre el
<Amor>, bien sea a través de los medios de difusión masivo siendo
el más popular el cine (y que muchas veces este se basa en fundamentos
escritos), y el cliché constante que pervive en los órganos pensantes de todos
los individuos humanos, he llegado a la conclusión de que la gran mayoría de
nosotros, jóvenes, no sabemos absolutamente nada sobre el amor: al menos nada de lo
cierto; y que cuando pretendemos hablar sobre el amor como si fuéramos las
personas más sabias y certeras, estamos hablando, por consiguiente, bazofia.
Para comenzar, ¿cómo diferenciamos lo cierto de
lo incierto? Si ni siquiera nuestro propio origen es netamente cierto. Me explico: existen diversas teorías
sobre el origen de la humanidad, y cada una varía de acuerdo a las ideologías;
y por supuesto, la que se adapte más a las creencias de nosotros, es la cierta
para cada quien. Pero ¿cómo podemos admitir cual de tantas teorías es la cierta?, hablo de una
certeza estándar, la que no divisa religiones, ni corrientes, o estilos de
vida. Creo que hasta donde mis conocimientos me permiten llegar, no
existe aún, ¿cierto? Igual ocurre con el amor. Y no es que quiera refutar la
opinión de centenares de autores, filósofos, porque a ellos se les considera
<sabios> y no soy quien para desvalorizarles; mas sólo trato de dar a
entender que cada uno de nosotros debe aprender a interpretar las cosas a
nuestra propia manera, no tener un concepto de corriente principal acerca del amor, sus etapas (si es que
las tiene), la fase de enamoramiento, incógnitas como “¿Cuánto dura?,
¿Cuánto tardamos en suprimirlo hacia una persona?, ¿Nos enamoramos una
sola vez en la vida, o varias?, ¿El amor de la verdadero llega solo, o
debemos buscarlo?” y si
deseara continuar, abarcaría todo el espacio que se me es permitido aquí.
Tan sólo opino que ante tantas y tantas
supuestas respuestas para estas dudas, que son completamente normales, porque
somos seres de naturaleza investigativa, curiosa, y nos gusta indagar en lo
implícito, acabamos pensando más de lo que sentimos. Yo soy una de esas, que
suelo pensar muchísimo en mis sentimientos; tanto que no dejo tiempo a las
emociones de explorarse, de vivirse; y es por eso que asumo que no me cedo amar
a otra persona.
Pero en estos días decidí que debe acabarse, yo
suelo pretender filosofar sobre el amor, cuando ni siquiera lo he vivido en los
huesos, en la sangre, en cada célula que se reproduce cada minuto en mi cuerpo.
Sostengo que cuando se presente la oportunidad
(no digo que deba ser ahora, porque ni sé si hay una edad específica para que
llegue el amor), dejaré que fluya por sí solo, sin seguir reglas, parámetros,
solo me dejaré disfrutar por el amor de la otra persona y que la otra persona
disfrute del mío. Casi podré decir que me quedaré suspendida en al aire,
cayendo lento y sin paracaídas –como si el efecto gravitatorio no actuara sobre
nosotros– en la estratosfera del amor.
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