Confesión Adolescente N.
Mentes cóncavas queriendo ser abstractas. Primera inhalación. Mi
nombre es Angélica y aquí va mi confesión adolescente. Se supone que es anónima
pero no me llamo Angélica, así que, no importa. Pon la espalda derecha.
Segunda inhalación. La confesión es que no sé cómo empezar mi confesión sin que
parezca que fuera a decir que estoy embarazada y que mi novio me dejó, o que
estoy gorda y lloro por las noches con un cuchillo, o que de la nada me
convierto en vampiro a la luna llena. Tercera inhalación. No es nada de eso.
Tampoco tengo cáncer ni mis padres me pegan. Soy una adolescente común y
corriente que detesta y ama la vida día y noche. ¿Por
qué escribiste eso? Suena muy cursi. Bueno,
soy una adolescente rebelde que está en contra de la sociedad, el bullying y el
maltrato animal. Pero si tú no eres vegetariana. Quisiera serlo, pero tú siempre insistes en el pinche pollo
teriyaki; y ya déjame continuar, coño, estás jodiendo mi confesión adolescente. Vale, pero pon los hombros erguidos. Primer suspiro. Como seguía diciendo, mi confesión es algo
más particular, y tan confidencial, que lo más probable es que en pocos minutos
me den un enlace encriptado para alojarlo en la deep web. Si exageras, ni que el FBI hubiese dicho que eres una
amenaza para su país. La amenaza eres tú,
cállate, y es una metáfora. Para qué usas
metáforas, es patético. ¿No se supone que
soy escritora? Quieres ser, pero te falta mucho. Ay ya, déjame, no me importa lo que digas, seré buena.
Segundo suspiro. Ya me desvié del tema, ahora no van a publicar mi confesión en
su página, ¡por tu culpa! Mi culpa no
es, tú misma sabes que puedes borrar lo que te digo y listo. Si te callaras, quizás escribiría mis propias ideas. Bueno,
no importa, olviden todo eso, chicas, en serio creo que mi historia encabezaría
perfectamente su blog de confesiones anónimas. Jajaja
que patética eres. Porque en realidad, ah, me duele la columna, dónde
habré dejado mis píldoras... No importa, prosigo, ¿dónde me quedé? Ves que sin mí no tienes una composición buena. Qué ego el tuyo. Debí aprender a pensar en tres y cuatro
dimensiones cuando me lo advirtieron. Eso
te lo dije yo. Lo dudo, tú más bien buscaste de no reforzarlo,
porque sabías que si lo hacía te debilitabas. Eres tan egoísta que ni siquiera
quisiste que juntas llegáramos a ser algo grande. Querida, es mejor dominarte que ser dominada por ti. Confieso que ¿soy mejor
que tú? No eres mejor que yo, eso es absurdo, ¡somos lo
mismo! Pero yo te controlo, sin mí no tienes
una composición buena. ¡Claro que no!
Apuesto que corazón sabe lo que yo quiero, debí escucharlo a él, en vez de a
ti. Tarde, termina esto de una buena vez, que ya
tengo sueño. Lo confieso, soy una hueca que se deja manipular
por tus ideas porque creo que tú me llevarás al éxito. Eso quería escuchar, algo más sincero. Ahora deja de
teclear, vete a la cama. No sé
ni por qué te obedezco. No tienes
alternativa. Me rindo.
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