Metáfora, ¿Recurso o Excusa?
Desde que el
hombre evolucionó en la extensión descubierta para aglomerar sus pensamientos,
ideas y emociones a través de la unidad que es la palabra (lo que es la
escritura en sí misma), comenzó a emplear herramientas y técnicas que le dieran
una dinámica alterna a sus manuscritos. Entonces vinieron los recursos
literarios. A diario los empleamos incluso sin ser escritores, o sin siquiera
tener nociones de ello. Tampoco hace falta tener el hábito de lectura. Están
arraigados a nuestra lengua, a nuestros modismos y forma de expresarnos —al escribir—, pero hoy voy a hacer un pequeño inciso
en la metáfora.
Casualmente es de las más destacadas de la
lista de recursos con los que cuenta cualquier escritor: el aficionado, el
casual, el exploratorio, el aprendiz y el profesional. La Metáfora es capaz de
comparar dos sujetos en cuestión sin compararlos de verdad. Nos crea
expectativa porque coloca un sujeto real y le proyecta un semejante que sólo
tiene lugar en la imaginación. Se caracteriza porque además crea imágenes en
la mente del lector y le da una idea más clara y genuina de lo que quiere
expresar el escritor.
Si, es cierto, cuenta con todas estas
ventajas, pero también es la más destacada de la lista porque es la más
accesible y a la que todos solemos recurrir cuando se nos agota la creatividad.
Es más un comodín, un pretexto embellecedor de textos, instantáneo y efectivo.
Un maquillaje de párrafos, una esencia postiza de lo que queremos comunicar
porque es más entretenido usar proyecciones imaginarias que usar
las palabras que definen el sentimiento o la idea. ¿Por qué si sufrimos de mal
de amores no podemos simplemente decir que nos duele el estómago, o el pecho, o
la garganta, o la cabeza? Tenemos que acudir a la metáfora sin pensarlo dos
veces, diciendo, que nos han descuartizado el corazón (¿Sí ven a lo que me
refiero?).
¿Por qué no podemos describir cómo se siente el que te abandonen, el que te traicionen, el que jueguen
contigo? ¿Acaso se nos es difícil procesar el nombre del sentimiento? ¿Acaso será más fácil compararlo imaginándose cómo se debe sentir que te
descuarticen el corazón? Entonces somos más imaginativos que sensoriales. ¿Por
qué si me siento feliz, no puedo solo decir «me siento feliz» sin tener
que nombrar a las prímulas y a los girasoles en primavera? No me mal
interpreten, no estoy en contra de la metáfora, yo más bien recurro bastante a
ella; casi somos inseparables. Admito que es por mi propósito expuesto, es mi
mejor excusa para impactar al lector, para que las emociones en él sean más
vívidas de lo que son en mí, o en mis personajes; para desviarlo de la realidad
(sin dejar de mostrársela) y enfocarlo en su proyección imaginaria (porque es
físicamente imposible que me duela el pecho como si me hubieran descuartizado
el corazón). Pero entonces, por qué no decir «Me duele mucho. Sé que lo
voy a superar, pero ahora quiero armar el drama y hacerte creer que me están
dando latigazos en el pecho».
Es todo un escenario armado por el grupo de escritores
(incluyéndome) que ni siquiera sé por qué lo estoy criticando si tanto lo uso.
Es una excusa. Una vaga excusa para sacar la falta de creatividad del
barro.
P.D. Metáfora: No estoy en contra de ti, de hecho, te
adoro. Incluso me impresiono cuando te leo entre líneas de grandes libros. Es
maravilloso como la falta de creatividad también requiere de mucha creatividad, porque hay autores que sí que saben utilizarte, entonces eres un recurso que
agradezco sea renovable; mientras que el resto de nosotros, con mucha frecuencia
caemos en lugares comunes, y entonces pasas a ser una excusa. Y es ahí, solo en esos
pequeños casos, cuando te odio.

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