Ser feminista



 

Yo quiero ser feminista. 

"¿Y no te da miedo decir eso en voz alta?"  

    Es muy osado para alguien que vive en el tercer mundo pretender ganarse el título de feminista. Es demasiada ambición. Es más grande e inalcanzable que el bendito sueño americano. En este lado de Occidente (para no entrar en polémicas ni en el complejo mundo de Oriente), soñar con ser feminista es ridículo y egoísta. Es machista. Es sexista. Está viciado y distorsionado por el mismo patriarca que nos rige. Ser feminista en mi tercer puesto del mundo es sinónimo de validarse a través de lo mismo que nos esclaviza. Y en tanto más lo pienso más asumo que no hay cabida para otro significante más. 

           "¿Y para qué quieres ser tú feminista?" 

           ¿Y es que acaso hay otro propósito en la vida? ¿Acaso yo he venido a este mundo siendo mujer para no encontrar mi verdadera esencia? ¡No tiene sentido! ¿Te parece que lo tiene? No, ¿verdad? Ahora bien, cualquier otra respuesta a esa pregunta puede ser una inmediatez del ego: "Para ser escuchada", "Para ser amada", "Para ser respetada", "Para ser equiparada". El mundo es un lugar injusto, eso lo asumí a una edad corta, y nunca vamos a dejar de luchar, si no es una cosa, ya será otra. Entonces, ¿yo? Yo quiero ser feminista porque es mi camino hacia la libertad. Es mi camino al auto-conocimiento. Es mi camino al dominio de mi mundo interior y exterior. Necesito ser feminista para poder romper los eslabones de la cadena de creencias que limitan la expresión de mi ser, de mi individualidad, de mi feminidad. Necesito al feminismo para encontrar mi voz. Y lo necesito para encontrarme con los demás. 

            En general, hablar de libertad en mi tercer puesto del mundo es una utopía en sí misma, y tampoco nos lo permitimos porque no conocemos nada diferente. Entonces, ¿Cómo voy a agrietar ese inquebrantable esquema del Gran Patriarca que me enseñó cómo debo portarme, cómo debo pensar y cómo debo decidir? No es una tarea fácil. No. Es más fácil aprender que des-aprender. Eso solo por mencionar los obstáculos internos, sin mencionar luego los externos: las burlas, comentarios, chistes, críticas, señalamientos. ¿Será que vale la pena arriesgar tanto por la libertad? A veces mi respuesta interna es no. A veces, la propia cárcel va por dentro. A veces, el juicio de en lo que te vas a convertir te carcome y a veces te paraliza el miedo por lo que puedas descubrir. Porque no quiero. No quiero ser diferente. No quiero ser rechazada. Tienes razón, ¿para qué quiero yo ser feminista? 

Comentarios

Anónimo ha dicho que…
Si eres diferente habrá cabida para ti junto a los otros diferentes siempre. Y será un buen lugar.
Antonella ha dicho que…
¡Es así! Concuerdo contigo. El mundo lo han revolucionado quienes no han tenido miedo a ser diferentes. Es una metáfora de cómo nos paralizan los pensamientos.
Oriana Gudez ha dicho que…
Las mujeres no tenemos ni que dudar sobra la respuesta, porque no es una opción. Tenemos que ser feministas para poder vivir en un mundo más justo, más igual. Lo malo es crecer con un estereotipo de mujer feminista erróneo y deformado por el propio patriarcado. Lo difícil es crecer con la frase "calladita te ves más bonita".

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